He venido a castigar a Judy y Lillian por hacer trampa en sus exámenes, ¡y las encuentro dibujando en clase!
Mientras le doy con la correa en sus palmas extendidas, Lillian muestra un doloroso remordimiento, pero Judy no parece poder quitarse esa sonrisa insolente de su rostro. Su castigo en las palmas será más duro, y pronto la diversión de la estudiante perezosa se convierte en angustia. Ambas chicas se inclinan entonces sobre el pupitre escolar, con sus bragas bajadas para recibir una fuerte azotaina de mi zapatilla, chillando de agonía hasta que sus traseros traviesos quedan cubiertos de brillantes círculos rojos.