¡Mi vecino es un chico malo! Es la segunda vez que lo pillo en mi jardín espiando por mis ventanas. Esta vez yo me estaba vistiendo y necesita que le den una lección. Me pongo rápidamente la parte de arriba y lo persigo por el jardín. Lo arrastro dentro y le doy una tunda en varias posiciones: sobre mi rodilla de ambas formas, de rodillas e incluso de rodillas con la cabeza sujeta entre mis piernas. Al final le confiscó los pantalones cortos y lo mando de vuelta a casa con el trasero al aire. No se sabe si está disfrutando o forcejeando, ya que acepta el castigo con estoicismo. Pero sí se nota que yo me lo estoy pasando bien, porque solo hago pausas para recuperar el aliento, regañarlo y luego colocarlo en otra posición para seguir azotándolo.