Una tras otra, las chicas pasan por turnos sobre su rodilla antes de ser colocadas inclinadas sobre la cama para recibir la gran paleta escolar. De más de sesenta centímetros de largo, perforada con agujeros abrasadores, la paleta gigante deja su marca incluso sobre sus diminutos shorts. Después de la primera andanada de azotes, ordena que les bajen los shorts para continuar sobre sus bragas. El chasquido de la madera abrasadora sobre nalgas hinchadas y maduras, arrancando lamentos lastimeros de ambas chicas. Quitándose el cinturón, doblándolo en su puño para descargarlo sobre nalgas ya doloridas. “Quizás si aprendieran a portarse bien no tendrían que bajarse las bragas para el cinturón”. El castigo concluye sobre sus nalgas desnudas, una al lado de la otra, gimiendo sobre el borde de la cama.